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[06/07/2007]
Los embajadores permanentes de los 27 Estados miembros de la UE dieron ayer el visto bueno al acuerdo alcanzado entre la Comisión Europea y Estados Unidos sobre los datos de los pasajeros que las compañías aéreas europeas deberán transmitir a las autoridades del país norteamericano. Aunque el texto aún debe pasar el requisito de ser enviado a los parlamentos nacionales para ser examinado y posteriormente ratificarse en el Consejo Europeo del 10 de julio, fuentes diplomáticas informaron que «el contenido seguramente ya no se va a alterar y pasará en los términos pactados».
El documento completo aún no se ha hecho público, pero sí se conocen los aspectos fundamentales y, desde luego, los más polémicos del mismo. En esencia, cuando un pasajero tome un avión desde cualquier punto de la Unión Europea rumbo a EEUU pasará a engrosar las listas de fichas de las autoridades del país americano, incluidas obviamente las que manejan los servicios secretos, dado que Washington considera «imprescindibles» todos estos datos en su lucha contra el terrorismo internacional. En la actualidad son 34 los registros personales que la UE envía a los servicios policiales estadounidenses, en virtud de un acuerdo provisional que sustituye al firmado entre Washington y Bruselas en 2004 y que fue declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Garantizar la privacidad
Dado que este pacto provisional expira a finales del mes que viene, los Veintisiete tenían «cierta urgencia» en alcanzar un acuerdo de mayor enjundia legal ante el temor de que EEUU decidiera por su cuenta prescindir de las autoridades comunitarias y entablar negociaciones directas con las compañías aéreas, «a las que sería mucho más fácil presionar para que les facilitaran cualquier tipo de información, por muy íntima que ésta fuera, so pena de incrementar las trabas en los derechos de vuelo», señalan fuentes del Consejo. «Con este acuerdo, al menos reducimos de manera sustancial la cantidad de datos transmitidos y, sobre todo, garantizamos en buena medida la privacidad de los ciudadanos», añaden.
Si bien es cierto que el número de datos ha quedado reducido a 19 -tal y como deseaba la Unión Europea- y que se evita el peligro de caer en una suerte de barra libre entre las autoridades estadounidenses y las compañías aéreas, no menos cierto resulta que entre estos registros figurarán aportaciones como el nombre del pasajero, su DNI, su domicilio privado, su edad, su dirección de correo electrónico, su cuenta bancaria, si ha tomado el vuelo en el último instante o si no ha subido al avión pese a tener reserva hecha, así como, llegado el caso y bajo «circunstancias muy especiales», su raza, su religión, su origen étnico y hasta su orientación sexual y tendencia política. Este último ámbito de información, conocido como de datos sensibles, es el apartado más conflictivo.
Francia había sido el único Estado que, hasta el último momento, verdaderamente se había opuesto de manera frontal a facilitar reseñas tan íntimas, por considerar que «entran en contradicción» con la protección del derecho a la privacidad de los ciudadanos. Sin embargo, ayer finalmente levantó su oposición a cambio de ciertas «garantías y limitaciones muy estrictas», según un alto funcionario francés, que afirma que «este tipo de información sólo podrá ser requerida por Estados Unidos cuando se trate de un pasajero directamente relacionado con una investigación abierta que implique peligro de asesinato de una persona».
«Además, el Servicio de Seguridad Interior estadounidense tendrá que comunicar a la Comisión Europea, en un plazo máximo de 48 horas, que se ha hecho con estos datos y justificar debidamente su uso, comprometiéndose a destruirlos en los 30 días siguientes a la finalización de la investigación para los que fueron empleados», añadió el funcionario. Estados Unidos siempre ha defendido que «está en su derecho de solicitar a las compañías toda la información que necesite sin límite alguno», pero finalmente el negociador del país norteamericano, Michel Chertoff, accedió a estas cláusulas de salvaguarda no sin antes garantizarse la potestad de Washington para transmitir la totalidad de los registros obtenidos al Servicio de Seguridad Interior -y no sólo a la Oficina de Aduanas-, además de poder conservar las fichas secretas de los pasajeros durante 15 años (7 años los datos no activos y 8 años más los que hayan sido utilizados en alguna otra investigación), excepción hecha de los ya señalados datos sensibles de acceso restringido.
Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 30.06.2007